Cuando la Navidad también se cuenta en quechua: traducir la imaginación; desafíos de llevar la literatura infantil al quechua
Este texto forma parte de mi intervención durante la presentación de Iskay Claus Wawqikuna, versión quechua de Los dos Claus de María Fe Castro Rey, publicada por Penguin Random House Grupo Editorial. A partir de esta experiencia, el autor reflexiona sobre el papel de la traducción al quechua, los desafíos lingüísticos de trasladar imaginarios contemporáneos a esta lengua y la importancia de ampliar la literatura infantil disponible para niñas y niños quechua hablantes. Más allá de un ejercicio técnico, traducir al quechua se presenta aquí como un acto cultural y político que reafirma la vitalidad de una lengua capaz de imaginar y narrar el mundo contemporáneo.icación.
Luis Alberto Medina
3/13/20265 min leer


Hace no más de diez años, el quechua era prácticamente invisible en Lima y en el Perú oficial; es decir, para el propio Estado y sus instituciones. Hoy, en cambio, goza de una vitalidad y una efervescencia que celebro profundamente. Me gusta pasear por Miraflores y San Isidro y observar cómo el paisaje lingüístico, antes impensado, ahora incluye restaurantes, cafés y todo tipo de emprendimientos que lucen con orgullo nombres en quechua.
Durante mucho tiempo, las lenguas originarias del Perú han sido situadas en espacios muy limitados: la oralidad, el ámbito familiar o el ámbito rural. Sin embargo, sabemos que las lenguas no tienen un destino natural que las condene a ciertos usos, aunque todavía hay quienes piensan que las lenguas originarias sí están condenadas a quedarse en el mundo rural, en el pasado y morir. Lo que existe son relaciones de poder entre las lenguas y culturas. Hay relaciones de hegemonía y subordinación socio política.
Para beneplácito nuestro y mal de otros, hoy nos reúne un hecho histórico. Un hito en la gran industria editorial. Hoy tengo la alegría de participar en la presentación de Iskay Claus Wawqikuna, mi versión quechua del libro Los dos Claus, escrito por María Fe Castro Rey y publicado por Penguin Random House.
Para mí, como traductor al quechua, este trabajo tiene varios significados. No es solamente el acto técnico de trasladar un texto de una lengua a otra. Traducir al quechua hoy implica, inevitablemente, reflexionar sobre dimensiones lingüísticas, culturales y también sociopolíticas.
En ese sentido, cada libro publicado en quechua es también una afirmación importante: afirma que el quechua es una lengua plenamente capaz de expresar cualquier experiencia humana, cualquier historia y cualquier forma de imaginación. Por eso, la publicación de Iskay Claus Wawqikuna no solo amplía el catálogo de libros disponibles en quechua. También contribuye a algo fundamental: el derecho de las niñas y los niños quechua hablantes a leer en su propia lengua.
Muchas niñas y niños en los Andes crecen escuchando el quechua como lengua materna, pero cuando llegan a la escuela o a las bibliotecas, aún hoy, descubren que casi todos los libros están en castellano. Esa situación produce una ruptura: la lengua en la que uno vive, sueña, imagina, juega y conversa con la familia no siempre es la lengua en la que puede leer historias.
Por eso, cada nuevo libro en quechua es una pequeña reparación de esa desigualdad histórica. Es un paso hacia la construcción de un país donde la diversidad lingüística no sea vista como un problema, sino como una riqueza. Pero además hay otro aspecto que me parece interesante en este trabajo: el hecho de que se trate de literatura infantil contemporánea.
El quechua tiene una tradición narrativa muy rica: cuentos, mitos, relatos transmitidos de generación en generación a través de la oralidad. Sin embargo, todavía necesitamos ampliar mucho la producción de literatura infantil escrita en esta lengua.
Cuando traducimos historias contemporáneas al quechua, estamos ampliando el universo narrativo disponible para los lectores quechua hablantes. Estamos diciendo que el quechua no solo sirve para contar el pasado, sino también para imaginar el presente y el futuro; y, sobre todo, para imaginar mundos más allá de nuestro propio mundo. Ya José María Arguedas hablaba sobre el poder creativo de la lengua quechua; para demostrarlo recopiló y publicó cantos y cuentos quechua; y escribió un hermoso poemario, Katatay, para que no queden dudas.
Ahora bien, desde el punto de vista de la traducción, este libro también planteó varios desafíos interesantes; porque, convengamos, una traducción literaria no consiste simplemente en buscar equivalentes palabra por palabra. Traducir implica recrear el texto en otra lengua, respetando el tono, el ritmo, el humor y la atmósfera de la historia.
En este caso, además, aparecían muchos elementos que no forman parte del vocabulario tradicional del mundo quechua. Por ejemplo, conceptos como polo norte, polo sur, o la idea de un centro donde se produce la magia. De hecho, la misma palabra Navidad no existe en quechua, pero ya forma parte de nuestra contemporaneidad.
También aparecen objetos modernos como una cámara fotográfica o un trípode un avión, túneles que son caminos subterráneos, un avión, el trineo de los hermanos Claus... Entonces surge una pregunta muy interesante desde el punto de vista lingüístico: ¿cómo decir estas cosas en quechua?
Hay varias estrategias posibles. En algunos casos se pueden crear expresiones descriptivas. En otros casos se pueden adaptar préstamos. En otros se pueden construir nuevas palabras a partir de los propios recursos del quechua. Por ejemplo, el hablante nativo —que tiene la sabiduría y la riqueza creativa— al ver por primera vez un avión, pensó que se parecía a un pájaro gigante que surcaba los cielos y lo llamó lata pisqu (‘pájaro de lata’). Poco después vio un helicóptero y lo asoció con una libélula; por ello le dio el nombre de ese pequeño animal: kachikachi. Cuando el teléfono celular llegó a alguna comunidad, muchos notaron que se parecía a un animalito muy conocido: el grillo, y por eso lo llamaron chilliku.
El quechua, como cualquier lengua viva, tiene una gran capacidad de crear vocabulario nuevo. A lo largo de su historia lo ha hecho muchas veces. Las lenguas no son sistemas cerrados ni inertes; son sistemas dinámicos, vivos, que crecen con la experiencia de quienes las hablan.
En este proceso, el reto principal no es solo encontrar una traducción correcta, sino lograr que esa traducción suene natural y comprensible para los hablantes. Es decir, que la historia pueda leerse con fluidez, que los personajes resulten cercanos, que la imaginación funcione también en quechua. En ese sentido, traducir literatura infantil es particularmente desafiante, porque el lenguaje debe ser claro, ágil y evocador.
Otro aspecto interesante de este libro es que nos permite llevar el imaginario de la Navidad y la fantasía al universo lingüístico del quechua.
La fantasía es una dimensión central de la literatura infantil. Y cuando una niña o un niño puede acceder a esa fantasía en su propia lengua, la experiencia de lectura se vuelve mucho más cercana.
La lengua materna tiene una fuerza emocional muy profunda. Es la lengua en la que aprendemos a nombrar el mundo por primera vez. Por eso, cuando una historia se cuenta en esa lengua, adquiere una resonancia especial.
Finalmente, me gustaría destacar algo que considero muy importante: la publicación de este libro demuestra que el quechua puede dialogar con la industria editorial contemporánea.
Durante mucho tiempo se pensó que las lenguas originarias estaban destinadas a circuitos pequeños o exclusivamente locales. Sin embargo, proyectos como este muestran que el quechua puede formar parte de proyectos editoriales amplios y de circulación nacional e internacional.
Eso también tiene un significado simbólico muy poderoso.
Cada vez que una historia se traduce al quechua, el mapa de la literatura cambia un poco. El centro deja de estar en una sola lengua, y comienza a reflejar mejor la diversidad cultural del país.
Por eso, más allá de la historia que hoy presentamos, lo que celebramos también es la posibilidad de imaginar un futuro en el que muchas más historias puedan leerse en quechua.
Historias de aventura, de humor, de ciencia ficción, de misterio, de fantasía. Historias donde las niñas y los niños quechua hablantes puedan reconocerse, reír, emocionarse y dejar volar la imaginación en la lengua que forma parte de su vida cotidiana.
Si logramos eso, no solo estaremos traduciendo libros. Estaremos ampliando el horizonte cultural de nuestra sociedad.
Y estaremos reafirmando algo fundamental: que el quechua no es una lengua del pasado, sino una lengua plenamente viva, capaz de nombrar el mundo de hoy y el mundo que todavía estamos por imaginar.
Muchas gracias.
Lima, 11 de marzo del 2026
*Texto leído en la presentación del libro Iskay Claus Wawqikuna (Penguin Randon House, 2026) , versión quechua de Los dos Claus de María Fe Castro Rey (Penguin Rando House, 2024).
